"Y es que para ella, escritora de verdad, por más que se la quiera presentar -por adularla- como una niña bien, que tiene la gracias de escribir; para ella, que posee una imaginación vasta y los dones profundos de una sensibilidad extraordinaria; para ella, la que sabe de ironía, de la piedad, del amor, la condenación de Dostoievsky conserva su valor implacable: Teresa de la Parra escribirá para destruir sus fantasmas, y sus fantasmas se reproducirán." Benjamín Carrión (Mapa de América, 1930)
Taitas y mamas: ellos y nosotros. Crecer en el racismo. Mi infancia transcurrió entre el asombro del mundo y las mil preguntas. Entre ellas, ¿Por qué otros niños y niñas no tenían lo que yo tengo?, ¿Por qué hay niños sin zapatos y llevan ropa vieja?, ¿Por qué hay niños sirvientes? ¿Por qué les llaman indios, longos? Poco a poco me fui dando cuenta de que esos niños tenían otro color de piel, eran morenos o negros. Eran pobres. Ellos eran otros. Miro las fotos de la familia y ninguna de las empleadas que tuvimos, todas indígenas o mestizas, están en ellas; a excepción de una: Luzmila, quien fue nuestra niñera cuando apenas empezábamos a hablar y a caminar. En la imagen, ella muy jovencita, me carga en uno de sus brazos y con la otra mano abraza a mi hermano. No hay rastro fotográfico de la Miche, de la Digna, de la Filomena, de la Rosita, de tantas otras. Pero en mis recuerdos si lo están en el olor a yerbas dulces, a jardín, a canción de cuna, a trenzas, a chalina y pollera. Ellas fuer...

Comentarios
Publicar un comentario