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Tres ejemplos de apropiación cultural: Un cuadro de Veronese, el Penacho de Moctezuma y la Piedra de los Sacrificios de la Isla Puná.

Tres ejemplos de apropiación cultural: Un cuadro de Veronese, el Penacho de Moctezuma y la Piedra de los Sacrificios de la Isla Puná.

 

En Plunder: Napoleon’s Theft of Veronese’s Feast, su autora Cynthia Saltzman, expone las contradicciones de la campaña italiana de 1796, que bajo las órdenes de Napoleón Bonaparte expolió las ciudades derrotadas y llevó sus tesoros a París para fundar el nuevo museo francés, el Louvre. Saltzman se enfoca en la obra Las Bodas de Caná (1562-1563), del artista renacentista Paolo Veronese; un cuadro de gran formato, el más grande del Museo, que muestra la República de Venecia en la cúspide de sus poderes, lo cual en la opinión de Saltzman fue emblemático en la escala de ambiciones de Napoleón, tanto para sus campañas militares como para el Museo. Las incautaciones durante las guerras se produjeron de forma organizada, a través de tratados de paz. Barcos cargados con Correggios, Leonardos y Rafaeles zarparon con escolta militar hacia Marsella. Así, el gobierno revolucionario de Francia creaba uno de sus grandes proyectos culminantes de la Ilustración, que, en nombre de la ciencia, ofrecía obras maestras como instrumentos de conocimiento público y libertad republicana. 

Sin salir del territorio europeo encontramos otro ejemplo de apropiación cultural: el Penacho de Moctezuma, un tocado de plumas, piedras y oro que salió del territorio mexicano hace 500 años y nadie sabe cómo llegó a Austria. Bernal Díaz del Castillo menciona la entrega de tesoros por parte del emperador a Pizarro: “El gran Moctezuma (...) dio cositas de oro y tres cargas de mantas de labores ricas de plumas”, pero la lógica y la experiencia nos dice que el Penacho no fue precisamente un regalo. Lo cierto es que 80 años después de la Conquista de México, el archiduque Fernando II lo exhibía con orgullo y como parte de su colección. Hoy, el Penacho aún continúa en Austria[1], a 10.000 kilómetros de México, cuyo gobierno ha reclamado en diferentes ocasiones esta pieza de gran valor político y cultural. López Obrador dijo hace poco que recuperar el patrimonio expoliado “era una misión casi imposible” porque ``se lo han apropiado por completo”[2]. El argumento de los curadores del Museo de Historia de Arte de Viena es: “Si lo mueves se dañará y nadie quiere eso.”. Para muchos austriacos, después de 500 años de tenerlo en su poder, el Penacho es uno de los objetos de su identidad cultural. Temen, además, que al moverlo, por su fragilidad, ellos lo pierdan y también México y el Mundo. Pero hay argumentos de que con la nueva tecnología es posible hacerlo. Lo que quizás hace falta es voluntad política.


Ahora, dejemos Europa para situarnos en Sudamérica, en Guayaquil, en donde se creó el primer Museo Municipal del Ecuador en 1863 con una exposición industrial de productos locales. Era el periodo de construcción del estado nación que tomó varias etapas. La rivalidad regional de las oligarquías moldeó la escena política de la naciente república y fue necesario crear una identidad local y no hubo mejor espacio para ello que los Museos. Guayaquil, importante puerto del Pacífico y centro económico del país, gestionó a través del Municipio su propia cultura pública y creó la Biblioteca y el Museo Municipal en la segunda mitad del siglo 19. Como lo señala María José Jarrín Y. en su artículo, “El Museo Municipal de Guayaquil (1863-1925)”, estas instituciones formaron parte del proyecto liberal de la ciudad. Desde entonces, el Museo Municipal ha adquirido cientos de objetos que forman varias colecciones como, productos industriales, antigüedades nacionales y reliquias locales. Entre estas últimas se encuentran las actas de la fundación de la ciudad, libros del Cabildo de Guayaquil y una de las piezas arqueológicas más importantes del país perteneciente a una de las culturas más prósperas del Pacífico Sur antes de la Conquista: la Piedra de los Sacrificios [1], pieza de la colección desde 1908. El monolito tallado fue encontrado en 1904 “junto a hachas y cuchillos de cobre”. La piedra mide 2, 72 cm de largo y 2,5 de ancho, con un cocodrilo y un jaguar, símbolos de poder, tallados en su superficie (Jarrín Yánez s/p). La pieza fue llevada a Guayaquil y expuesta hasta que Bartolomé Vignolo se apoderó de ella y más tarde la obsequió al Museo Municipal (Chávez Franco, 1930, noviembre, p.42). Cronistas como Antonio Herrera y Tordesillas [2] (1549-1626) la registraron como un altar de sacrificios.

 

Hoy, la Comuna Campo Alegre en la Isla Puná, ha reclamado oficialmente a la Alcaldía de Guayaquil el “retorno de la piedra altar ceremonial del Pueblo Puná (Piedra de Sacrificios), como un anhelo de nuestros pueblos desde hace 117 años.”. La Comuna justifica el retorno como “estrategia cultural para el fomento productivo y la diversificación económica que ataque la pobreza extrema.”. Además, apelan a los derechos colectivos que se promueven con su retorno amparados en la Constitución del Ecuador en el marco legal de convivencia general de los pueblos y nacionalidades (Art. 57).  

En este punto, cabe indicar que los bienes inalienables funcionan como vehículos de autonomía política, su monopolización sirve para ejercer un control sobre quienes se identifican con ellos sin poseerlos propiamente. Ver degradarse o pasar a manos de extraños una propiedad considerada como inalienable equivale al declive o a la ocupación del ser. Según, Annette B. Weiner, la pérdida de estos objetos niega "la habilidad de los gobernantes o familias por mantener intacto el material simbólico que legitima su rango, estatus o unicidad" (Inalienable Possessions: The Paradox of Keeping-While-Giving. p 37).

 

La relevancia política de los elementos culturales varía a lo largo del tiempo y el espacio. Hace 117 años, la construcción y establecimiento del Museo Municipal fue necesario para la construcción de la identidad local que, sin embargo, dejó fuera y hasta el día de hoy a sus legítimos dueños, invisibilizados en o extirpados de, ese espacio no solo material si no también simbólico y cultural de la Piedra de los Sacrificios. Devolverla a sus dueños es un acto de justicia histórica y política.

Betty Aguirre-Maier

University of Utah

 


[1] Yánez, María José Jarrín. "El Museo Municipal De Guayaquil /The Municipal Museum of Guayaquil." Apuntes 32.1 (2019): Apuntes, 2019-01-01, Vol.32 (1). Web.

[2] Herrera Y Tordesillas, Antonio De. Historia General De Los Hechos De Los Castellanos En Las Islas I Tierra Firme Del Mar Oceano. 1730.



[1] https://www.weltmuseumwien.at/en/exhibitions/the-aztecs/#the-quetzal-feather-headdress

[2] https://elpais.com/mexico/2020-10-13/el-penacho-de-moctezuma-y-otros-tesoros-que-mexico-reclama.html

 

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