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Las Brujas y la Luna.


                                                                                                            Para Beatriz y Mishu.
“Luna verde de Mario parada sobre los cerros; 
una leve sandía, esa mítica fruta de donde salen las brujas.” 
Marosa De Giorgio

Soltarse la cabellera, beber vino, danzar descalzas, reír hasta las lagrimas, curar heridas, adoptar gatos, serpientes y lobeznos y tomar baños de Luna bajo la sombra de un amor. Ritos de supervivencia los llaman.

En aquellos tiempos de quien ya nadie habla ni recuerda, un poder oscuro se apoderó del Mundo: entristeció a los hombres, silenció la risa de las mujeres y se les prohibió amar. Algunas no lo soportaron y huyeron a las colinas y los bosques, en donde hicieron un pacto con la Luna: ella las protegería de la furia de las sombras, limpiaría sus úteros, los ríos y el mar; y a cambio, ellas sacrificarían sus trenzas al terminar la pubertad y la alimentarían con la ultima  leche materna para que nunca perdiera su brillo. 

Pero la Luna pidió algo más: ser amada por poetas. Una tarea difícil pero no imposible. Bajo hechizos y cantos, las mujeres visitaron a todos los poetas en sus sueños y dejaron en ellos una semilla de amor y de pasión por la Luna. Tiempo después y al sentirse amada como nunca,  la Luna agradecida se abrió una vena y les entregó una gota de intuición y dos de percepción a cada una de ellas. Desde entonces, entre la Luna y las mujeres existe una hermandad.

Comentarios

  1. ¡Qué bonita delicadeza!... Y a la frase final, mi aplauso cerrado: "Desde entonces, entre la Luna y las mujeres existe una hermandad".

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