Mama Negra, la Santísima Tragedia lleva máscara.

La Mama Negra no se pinta la cara, usa máscara. La máscara da paso a la fiesta. Máscara gruesa, fea, trágica, de áspera madera. La fiesta pertenece al pueblo, a las vendedoras del mercado, a los compadres y las comadres. Quien se viste de la Mama Negra no tiene que ser visto, no tiene por qué ser visto. Dejarse ver es un acto vanidoso, es borrar la esencia de la fiesta. La fiesta es alegría y devoción, es un acto místico y mágico que se entrega a la Virgen de las Mercedes cada 24 de septiembre.
Las otras Mama Negras, las de la gente “blanca”, no usan máscara; se pintan la cara de negro y colorete, ya que eso no borra, no oculta el rostro que debe ser visto, que tiene que ser visto. Entonces la fiesta ya no es del pueblo, pero sí de personajes con rostro, con bandera política, con urgencias personales. Parodia de sí misma que cada año intenta desplazar el espíritu de una fiesta sagrada..
.. el Angel de la Estrella ya no es una niña morena de larguísimos rizos, de alas gigantes montada sobre un caballo; ni el Capitán es un señor bajito, medio barrigón y de hirsuto bigote y botas desteñidas. Las ashangas ya no llegan hasta el cielo y el suelo, ya no son generosas, ya no sudan sabores dulces y salados. Los huacos ya no huelen a páramo, ni los curiquingues son gigantes alados.

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