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Carta a Tránsito Amaguaña.





                            Carta de Reinaldo Miño Vaca a Tránsito Amaguaña.

Casi adolescente, tras de la Revolución de Mayo de 1944 tuve la suerte de conocer a Tránsito
Amaguaña.  Ella estuvo con Jesús Gualavisí, Dolores Cacuango, Amadeo Alba y otros
abnegados compañeros, como lo cuenta Osvaldo Albornoz Peralta en la biografía de Jesús
Gualavisí, primer Secretario General del Sindicato Juan Montalvo, en la valiente zona de
Cayambe.

Si la memoria no me  falla, hace ya tantos años, fue a ella que escuché en mi Ciudad natal, con verbo cálido, con inflexiones de la voz llena de reciedumbre, de dolor, ternura y convencimiento, hablar de la tragedia de nuestro pueblo quichua.  


“Los indios somos como granos de quinua en un costal: Nadie nos puede contar”

Dijo también: “Vivimos a oscuras en el frío del páramo, donde nos alumbra la luz de la luna”


Después de 1982 cuando vine a la Capital, casi al borde de la tercera edad, como nos llaman con eufemismo a los viejos, descubrí su presencia en una asamblea popular; fui a ella jubiloso y estreché con fervor su mano endurecida.  Me miró de hito en hito y con timbre de disculpa, me dijo: Perdone, compañerito, pero ya no recuerdo a todos.....


Le interrumpí enseguida: No importa, compañera, lo importante es que Quito y los quiteños no olvidemos su nombre.


Vi más tarde en el Congreso Nacional un gran retrato suyo en la oficina de un compañero al que estimo de veras, dados sus méritos de largo camino revolucionario.


-        Te felicito, le dije: Por fin salimos de nuestro destierro.


Vamos por buen camino.  Estamos recaudando la esencia de la Matria.


Hace poco, se le otorgó el Premio Eugenio Espejo.. Me contenté de veras.  Hasta fueron los chicos de la prensa a visitarla en su choza sin que le hayan llenado de rublos el oro  de Moscú por su vieja calidad de comunista... Y por cierto que siempre recuerdo que Eugenio Chúshig Aldas, un antiguo vecino nombrado Espejo, no tuvo más condecoraciones que los grillos, el destierro, la cárcel y el arsénico.  Y por si los delicados mestizos de esta tierra crean que hablo de ella con admiración por “raza”, les recuerdo que a veces los detesto y a veces los compadezco a los Sancho Jacho, los Sepla de Oro, las Huailas, las Marinas, Las Yarucpallas, que sirvieron de verdugos de su propio pueblo y sirvieron a las hienas civilizadas que sembraron un largo terror y una esclavitud de siglos sobre el pueblo quiteño, cuyos indios fueron considerados por los propios voceros oficiales como la “porción más desgraciada de la familia humana”.  Lo cierto es que en la genealogía social de Tránsito Amaguaña, consta, sin duda, el primer Comandante quiteño que iniciara nuestros levantamientos , el pillareño que  se adelantó a nuestra Dolores, la de España, para proclamar a viva voz que para vivir de rodillas más vale morir de pie.  Como no nombrar con amor y con orgullo a Rumiñahui, a Lorenza Huamanay, a muchísimos otros que dejaron la huella de su sangre y la lección de su derrota sobre la tierra quiteña.  Recuerdo a Julián Quito, dirigente que escapó de la justicia colonial, con ese nombre suyo y nuestro, el nombre de la Patria escamoteada por los hijos de los encomenderos para llamarnos Ecuador.  Decía irónicamente, un gran escritor quiteño: Ecuador, a 0 grados de latitud Norte y 0 grados de latitud Sur: es decir, en ninguna parte.....


Julián Quito se pierde en la bruma de la historia.  No pudieron apresarlo.  ¿Murió tras construir el Palacio de Carondelet?.  Fue a morir en la yunga, construyendo bajo el látigo de los capataces los caminos a la Costa?  ¿Estuviste levantando iglesias y caíste de andamios sin que nadie se compadezca de tu muerte?


De Julián Quito vienes, Tránsito Amaguaña.


Tu nombre es muy mestizo.  Usemos ese adjetivo que tanto gusta a los que tienen madre Patria por Europa.  Mestizaje cultural se da en todas partes igual que el mestizaje racial del que venimos todos los hombres, sin excepción, si es que hubo razas puras hace más de cuarenta mil años, como afirman los sabios...  Solo hay, Tránsito Amaguaña la raza humana que nos toca integrar y engrandecer con el trabajo y el esfuerzo de todos.  Todos tenemos derecho a ufanarnos de la lucha por la libertad y la independencia, por la igualdad y la soberanía de nuestro Quito heroico.  Como eres huarmi, como eres de veras del género aplastado y oprimido en los años de la historia, te recuerdo que las mujeres quiteñas, de distinto color, distintas clases, atacaron la cárcel real, crimen que se pagaba con la vida, rompieron sus cerraduras y libertaron a su caudillo, Alonso Moreno Bellido, asesinado luego desde la Casa de Gobierno inaugurando una seria revuelta del Cabildo Quiteño sofocado por los jesuítas y las tropas extranjeras que colgaron, en Semana Santa, en sus propias ventanas a los cabildeantes quiteños.  Allí levantamos un ejército quiteño dispersado con maña por los eternos amantes de la bota extranjera.


¿Alguien te contó que en la Plaza de San Blas despedazaron con tenazas al rojo vivo a los quiteños levantados en el Oriente: A Jumandi, Aica, Beto y Guami y sus cráneos blanquearon muchos quiteños?.  Así trataron de amansarnos, Tránsito Amaguaña.  Pero Quito que parecía arrodillado se ponía en marcha y en revuelta.  Lanzaba a los vientos sus campanas y volvía a luchar por la libertad y la Independencia.


Tránsito Amaguaña.  Tu nombre tiene no sé qué de premonitorio, Tránsito es voz castellana.  Proviene del latín: mira como se cruzan los pueblos y se mezclan sus hombres y sus culturas:  TRANS EO significa: Pasar de un lugar a otro.  Vale decir, estar en marcha, ponerse en marcha.


¿Amaguaña?  Viene de nuestro quichua que es quiteño desde su más tierna infancia, aunque lo nieguen algunos sabios y lo acepten muchos otros.

AMA es adverbio: No, prohibiendo en el sentido de que no se haga.  Brilla en el Código moral de nuestro pueblo.


AMA SHUA: No seas ladrón.  AMA LLULLA, no seas mentiroso.  AMA QUILLA,  no seas ocioso.


HUAÑUY  en quichua es muerte.  HUAÑUNA es morir:  TRÁNSITO AMAGUAÑA: Nombre premonitorio: Estar en marcha y prohibido morir.  Quiteña que renace en Cayambe, que lucha por los primeros sindicatos  indígenas, que milita en el Partido Comunista.


Antes de ella, estuvieron luchando y viviendo y muriendo tantas a la que recaudo de mi parcela.  Por ejemplo, Bárbula Sinailín.  (Lo cito de memoria).  Marcela Tasi.  Rosa Siñapanta que con una shigra llena de piedras lanzó tierra en el rostro de los “pacificadores” insultándoles en quichua.  No retrocedió.  Allí mismo la destazaron.  Colocaron su cráneo en Palama, para vista de desde Ambato y sus cuartos sangrantes fueron a chorrear sangre quiteña a la entrada de todos los caminos.


¿Vale contar esta historia de innúmeres crueldades?.  Muy bien.  La olvidaremos cuando los “blancomestizos” no sigan bailando en honor a la madre extranjera, “escupiendo en el rostro” de nuestra única madre, la pachamama quiteña.  Cuando termine el racismo y bailen sobre las ruinas del colonialismo, mas no festejando el inicio del calvario más amargo y más largo que tuvo nuestro pueblo; y otra vez: la raza es fruto de una superchería, una “necesidad política” de las clases dominantes.  Defenderemos nuestro Quito arrasado por los depredadores extranjeros.  Por eso te contamos de paso, la historia cierta de Sebastián Moyano que tenía un perro llamado Marquesillo que comía carne de quiteños y bebía sangre de quiteños.  Y este Moyano, alias Bel Alcázar, de hombre del pueblo se convirtió entre nosotros en aristócrata rapaz aunque lo despreciaban y lo mataron también los aristócratas de la Corona.  Así fueron en todas partes las clases dominantes.


Estos perros con hambre sirvieron siempre a los amos extranjeros y fieles a la voz del amo, mordieron a los sabios y atacaron a los auténticos quiteños.


Canté, compañera, a Jesús Gualavisí que formó el Sindicato Juan Montalvo en Cayambe y enfrentó a Gabriel García de Alcázar, hijo del Santo del Patíbulo que se valió del Ejército, el Gobierno y la Policía para atacar a nuestros compañeros.  Y esta historia no se cuenta. Y Jesús Gualavisí y Dolores Cacuango, tú lo sabes muy bien pro militante, estuvieron por primera vez en la historia nacional, en el Comité Central de Partido Comunista de Ecuador.  Y Jesús Gualavisí firmó también el acta constitutiva del Partido Socialista Ecuatoriano en 1926, o puso su huella digital.  ¿No aprendieron a leer?  ¿Eran analfabetos? Fallas nuestras aunque tenían la ventaja de no leer la historia escrita y usufructuada por las clases dominantes, esa que nos dieron a tragar en colegios y escuela y universidades, cuando el indio no asomaba sino para asustar a los  llamados “blancos” con sus “bárbaros levantamientos”.


Y cuantos muertos.   Dolores Cacuango no podría en todos sus años y tú tampoco lo podrías, aprender el nombre de nuestros muertos, de todos los quiteños caídos en defensa de la tierra, de la vida, de la simple supervivencia.


-        ¿Vives? Se preguntan nuestros quichuas cuando se saludan.


-        Vivo, le responde el saludado.  La vida es su único tesoro.  Además del quichua, claro, su idioma que perdura aunque lo hayan enterrado desde hace mucho tiempo los que pronosticaron su desaparición.


Si las crueldades, el desprecio y la violencia se ejercieron brutalmente en la Colonia, continuó de parecida manera en la República.


En 1871 se levantaron nuestros hermanos quichuas en Chimborazo; los comandó Fernando Daquilema, que fue fusilado tras un ridículo Consejo de Guerra en un muro de Yaruquíes por orden directa de Gabriel García Moreno, padre de Gabriel García del Alcázar, al que Ustedes enfrentaron.  Fernando Daquilema tuvo de capitana a una joven y valiente quiteña, Manuela León nacida en Poñenquil, que tomó Punín con sus compañeros y desafió al Teniente Vallejo.  Le entregó la espada y ella usó una púa para arriar bueyes.  Manuela León atravesó el cuerpo del soldado con un grito victorioso.


Parece que a Manuela la asesinaron el 8 de Enero de 1872.


“Los levantamientos indígenas han sido crueles, brutales si se desea.  Nunca injustos, jamás sin razón”.  Dice Enrique Garcés en su hermoso libro Daquilema Rex y exalta la figura de Manuela de Poñenquil, tanto que nosotros a esta Manuela venida de nuestra raíz primitiva, la incorporamos a las figuras heroicas de nuestras Manuelas: Manuela Chúshig, nombrada Espejo, hermana de Eugenio y Pablo Espejo, primera periodista quiteña escribiendo para “Primicias de la Cultura de Quito”.  Manuela Cañizares que reunía en su casa a los patriotas para el levantamiento del 10 de Agosto.  Manuela Sáenz que aconsejaba a Bolívar: “No habrá paz si Usted no se libra de los Paula, Padilla, Páez”.  Así fue de inteligente.  Ya ves,  Tránsito Amaguaña, como hay mujeres de varias clases sociales luchando por la libertad y por la independencia.  Y me parece digna de respeto, digna de entrar en el núcleo de las Manuelas libertarias, a Manuela Garaicoa, a cuyo esposo, al cubano Francisco Calderón fusiló tras derrotarlo el ejército imperial.  Y fue madre de Abdón Calderón, el héroe que triunfó en Pichincha, luchando junto a Sucre, pero halló la muerte tras el combate.  Ya ves cómo se asocian los valores y los valientes aunque muchas veces tengan proyectos encontrados pero coincidentes en la marcha del pueblo hacia la libertad.


Al llegar la Alfarada, conté la historia de Alejo Sáenz Píntag al que el 10 de Agosto de 1895 nuestro guerrillero heroico dio en Gatazo el título de General de la República y a Manuel Guamán Coronel de nuestro ejército.  Nunca recibieron sueldo.  Solo les dieron armas durante los combates hasta llegar a Quito.  Nunca estuvieron en el escalafón militar y dicen que en la Alfarada la presencia y las acciones de nuestros quiteños seguidores de Alejo Sáenz Píntag, fueron decisivos en la victoria sobre los curuchupas a los que apoyaron los curas.

Deben haberte enseñado algo nuestros compañeros sobre la vida de nuestro inmenso Chúshig, el Doctor Eugenio Espejo.  Dándole la vuelta al “Día de la raza”, el 21 de Octubre de 1794 puso a flamear en las cruces de piedra levantadas junto a nuestros templos por la mano de nuestros picapedreros, unas sediciosas banderas rojas con leyenda latina fácilmente traducible: SEAMOS LIBRES.  CONSIGAMOS FELICIDAD Y GLORIA.


Detrás de las banderas, para evitar las retaliaciones de la Santa Inquisición, nuestro Chúshig genial mandó escribir SALVA CRUCE.  Evitando que por herejes se los queme a los patriotas.  Poco tiempo después el genio Chúshig nombrado Espejo fue apresado y murió en la cárcel envenenado con arsénico, según cree su discípulo el médico quiteño Enrique Garcés, loco enamorado de la quiteñidad.


Espejo nos ordenó desde sus obras: EL CONOCIMIENTO PROPIO ES EL ORIGEN DE NUESTRA FELICIDAD.


Si no sabes leer, Tránsito Amaguaña, ese fue error de nuestros compañeros que ni aprendieron quichua ni te enseñaron a leer y escribir.


Fue en una quebrada de nombre quichua, según creo, que murió el glorioso guerrillero de nuestros tiempos, Ernesto Guevara, el legendario Che. No murió allí, por supuesto: Se le recalentó el fusil, estaba herido. No podían dejarlo con vida. En una escuela de Bolivia le mataron, unidos, los gringos y los gusanos cubanos y los soldaditos bolivianos. El Che fue a Bolivia sin saber quichua ni aimara. Tras la derrota militar en Ñancaguasu(El Churu) el Che murió. No podían dejarlo vivo. ¿No está en marcha? Prohibido morir. Los hombres de toda nuestra América lo recuerdan por más que olviden muchos que fue discípulo de Lenin y en su mochila llevó los versos de nuestro incomparable Pablo Neruda, militante del Partido Comunista de Chile, por más que poetas y políticos lo escodan interesadamente. Talvez sabía de memoria el canto para Bolívar:


"Padrenuestro que estás en la tierra/ en el agua, en el aire de toda/ nuestra inmensa latitud silenciosa./ Todo lleva tu nombre, padre, / en nuestra morada;/ tu apellido levanta la caña a la dulzura"


Yo te pregunto, Tránsito Amaguaña: ¿No están el Che y Bolívar de nuevo en  marcha? Prohibido morir antes que completen su tarea.


Y como he de olvidar al “indio” Alfaro, al hijo de la “ huasicama de Manabí”, al que despreciaron los gamonales de la Sierra y los oligarcas de la Costa, los que prepararon con los clérigos la hoguera civilizada de El Ejido. Hienas civilizadas que siempre se opusieron al avance del pueblo. También Alfaro quiso unir nuestra América, como Bolívar, como Martí, como Montalvo y como Espejo.


Recuerdo tantos nombres, tantos hechos.  Tú bien supiste ya que no es la raza la que determina el destino de un pueblo.  Son las clases sociales.  Que la unión de todos los pobres del mundo es necesaria para ganar la paz y el socialismo.  Adiós a las armas.  Abajo las armas.  ¿No estaba de acuerdo Ernesto Hemingway, ilustre escritor norteamericano?  Y otra vez, en Ambato, nuestro inolvidable Juan Montalvo: ¡Ah! ¡Si pudiéramos hacer revoluciones en paz!


Transformemos las espadas en arados fue la escultura que la Unión Soviética envió a las Naciones Unidas, obra del escultor Eugenio Butévich.  Que nunca se repita el crimen de Hiroshima y Nagasaki.  Que nadie tape el sol con el humo espantoso de una guerra nuclear.  Que la amistad y la solidaridad entre todos los pueblos del mundo hagan posible llevar a la mesa de los hombres el sosiego y la felicidad.  Los países pobres gastamos estúpidamente en armas porque los imperialistas nos dividen y nos llenan de armas, de recelo entre hermanos, de fronteras falsas y peligrosas.


Nuestro pueblo, el Tahuantinsuyu, unión estrecha de los cuatro puntos cardinales, dio al mundo más de la mitad de todos los alimentos que nutren hoy a todos los hombres.  Sembró en terrazas desde las cumbres hasta los valles, desde las montañas hasta la yunga y yo creo que nuestro Huaina Cápac, el quiteño nacido en Tumipamba, hijo, según nuestro poeta Jorge Carrera Andrade, de la gobernante Túpac Palla de la región cañari, fue el mejor gobernante quiteño de todos los tiempos.  Ellos son tus antecesores, Tránsito Amaguaña.


Nuestro pueblo hizo puentes y caminos admirables, canales de riego que llevaron el agua de la cumbre al maizal, a la papa y la quinua.  Solo el genocidio de las hienas civilizadas cambió nuestro destino.  Dicen que nunca fuimos mishquitullus, hombres flojos.


Dicen que desde Quito, desde las orillas de Sunpa, salió Kitumbe a fundarnos Kito y luego de engendrar a Huayanay en el vientre de Llira, nos fuimos al Tiahuanacu (Siéntate, huanacu).  Es una linda leyenda que nos une, que nos integra y por eso me gusta y la cuento cuantas veces puedo.  De retorno, estuvimos en el Cuzco, el ombligo del mundo y antes en Kirutampu señalando de nuevo el camino a la yunga desde  donde nacimos.  Los amantes de Sunpa fueron nuestros.  Guayaquil es nombre quichua.  Los wanka vilkas, remeros prodigiosos, en madera de Guayaquil, balsa quiteña, se fueron a Ahuachumbi y Ninachumbi y dejaron su nombre en Puca roa, al otro lado del Pacífico.  Ya ves, Tránsito Amaguaña.  Siempre estamos en marcha: Prohibido morir.  Aquí se han juntado todos los hombres del planeta.


Uno solo es el género humano.  Todos podemos vivir en paz y salvar la vida.


Tú estuviste desde muy joven soñando en el futuro y en la unión de todos los pueblos.


Ahora te saludo y tal como hace años, ni siquiera te declaro mi nombre.  El yo siempre es pequeño.  El nosotros es grande.  Tu grandeza se basa, en que eres símbolo de la irrenunciable raíz  quiteña.


Te saludo con el seudónimo que usé en  “Vanguardia Sindical”,  vocero de los trabajadores.


Te  abraza,

Juan del Sur.


(En Quito, 24 de Julio de 2004, Día del Natalicio del Libertador Simón Bolívar.)


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