El Cilindro de Ciro es un antiguo cilindro de arcilla, actualmente fragmentado en varias piezas, que contiene una inscripción real aqueménida en escritura cuneiforme acadia a nombre del rey persa Ciro el Grande. Data del siglo VI a. C (500 antes de Cristo) . y fue descubierto en las ruinas de la antigua ciudad mesopotámica de Babilonia (actual Irak) en 1879. Actualmente se conserva en el Museo Británico. Fue creado y utilizado como ofrenda fundacional tras la conquista persa de Babilonia en el 539 a. C., cuando el Imperio neobabilónico fue invadido por Ciro e incorporado a su Imperio Persa.
Ha sido aclamado como la primera carta de derechos humanos (alrededor del año 500 a. C.), anterior a la Magna Carta por casi dos milenios (aproximadamente 1700 años), y en 1971 las Naciones Unidas publicaron traducciones del mismo en todos los idiomas oficiales de la ONU. No es exagerado afirmar que es uno de los documentos históricos más valiosos del mundo. Una réplica del Cilindro de Ciro también se encuentra en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York.
Ciro leyó la Carta de la Libertad después de su coronación:
«Ahora que he ceñido la corona del reino de Persia, anuncio que respetaré las tradiciones, costumbres y religiones de las naciones de mi imperio y nunca permitiré que ninguno de mis gobernadores o subordinados las menosprecie o insulte. No impondré mi monarquía a ninguna nación. Cada una es libre de aceptarla, y si alguna la rechaza, no recurriré a la guerra para reinar. Nunca permitiré que nadie oprima a otros, y si esto ocurre, restauraré sus derechos y castigaré al opresor. Nunca permitiré que nadie se apodere de los bienes muebles o inmuebles de otros por la fuerza o sin compensación. Mientras viva, impediré el trabajo forzado y no remunerado. Hoy anuncio que todos son libres de elegir su religión. Las personas son libres de vivir en cualquier región y de trabajar, siempre que no violen los derechos de los demás. Nadie puede ser castigado por las faltas de sus familiares. Prohíbo la esclavitud, y mis gobernadores y subordinados están obligados a prohibir el comercio de hombres y mujeres como esclavos dentro de sus dominios. Esta tradición debe ser erradicada en todo el mundo...»
Se considera, a esta declaración como una sabia estrategia política por parte del rey Ciro promulgar esta carta, especialmente considerando la vastedad del Imperio Persa y la diversidad de culturas que coexistían dentro de sus fronteras. Esto contribuyó a la supervivencia de la dinastía aqueménida durante varios siglos.

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